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lunes, 21 de junio de 2010

Inicio del Minirelato 5.1

Escribe tu final para el siguiente texto de inicio:


- Buenos días, mi amor, te tengo el desayuno preparado, he de irme a trabajar- despierta Alicia a su marido Javier.

- Buenos días, odio ese trabajo, ¿qué hora es?- Javier mira cansado su reloj -Alicia por Dios son las cinco de la mañana, ese jefe tuyo es un hipócrita.

-Javier, no empieces, paga las facturas, es lo que necesitamos.

-Alicia… está bien no empiezo, gracias por el desayuno- Javier se levanta pesadamente y abraza a su mujer cariñosamente -te quiero, vuelve pronto.

-Cuando pueda, yo también te quiero- Alicia besa a su marido y sale de la habitación, coge su bolso y las llaves de su coche y sale de su pequeño piso de las afueras de Barcelona.

Pasea por dos calles hasta que encuentra donde dejó su viejo Ford Fiesta. Entra en el coche y lo enciende para que la calefacción comience a calentarse, pone la radio, se coloca el cinturón y sale del aparcamiento. Recorre varias calles, semáforos, badenes... hasta llegar cerca de su actual trabajo. Busca para aparcar sin demasiada fortuna y tiene que retirase unas calles hasta conseguir hacerlo.

Sale de su coche y entra en una pequeña cafetería.

-¿Qué horas son estas de llegar, te llamé hace una hora?- grita un viejo y huraño hombre al otro lado de la puerta.

-¡Ya!, ya sé, es que tenía que prepararme, no te quejes que he podido venir.

-Siempre con excusas, cámbiate y empieza, es tarde.

……………

Pilar Bermúdez



Plazo límite de entrega: domingo, 11 de julio a las 23:00 (hora España)

Para participar, leer Reglas y Normas de la actividad.

Envíanos tu final por e-mail a: memenovela @ gmail.com o dejarlo como comentario en este mismo post. Todos serán publicados en el blog.

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lunes, 19 de abril de 2010

Dan

Oscuridad, es lo único que veo en este preciso instante, una paz atronadora y necesitada me invade…por fin no duele, por una vez en mucho tiempo no duele mi viejo y maltrecho cuerpo.
Ha sido largo y difícil el camino pero al fin estoy aquí.

Veo una luz, no es cegadora pero sí resplandeciente, me trasmite paz, mucha paz, ahí están ellos, los que jamás creí volver a ver, me adentro en el túnel hasta alcanzar la luz.
Un gran prado verde y luminoso se extiende frente a mí, hay gente haciendo picnic, con sus mantitas a cuadros y sus amigos y animales rodeándoles, es una estampa de película, tanto que creo estar soñando, pero ellos parados junto a mí me demuestran que no es un sueño…estoy aquí.

Han pasado muchos años, más de cuarenta años desde la última vez que los vi a alguno de ellos, pero siguen igual que como estaban en mis recuerdos.
Me guían hasta la vera de un lago transparente y tranquilo, nunca me ha gustado el agua pero por primera vez no me da miedo, por primera vez en mucho tiempo estoy cerca del agua y no tiemblo, al contrario tengo ganas de agacharme y meter la mano… lo hago, veo mi reflejo, ya a penas me reconozco, ya no hay arrugas bajo mis ojos ni entorno a ellos, han desaparecido.
El reflejo que me devuelve el agua es el mío, sí, pero el mío de hace muchos años, me reconozco, pero hacía mucho que no me veía así, mucho.

Siento ladrar tras de mí, han pasado años pero aún reconocería ese ladrido en cualquier parte, me giro lentamente y ahí esta, mi amado Dan, mi primer perro, mirándome amorosamente y con su juguete referido en la boca, junto a él están todos los perros que por mi larga vida he podido tener y cuidar, por desgracia siempre se iban pero algo dentro de mí me decía que no era el final y ahí están todos ellos, esperándome.
Me levanto y corro hasta ellos, con la vitalidad que perdí hace muchos años, me lanzo al suelo y me rodean y me besan como siempre hacían, siguen conmigo.

- Ellos merecían estar aquí, igual que tú- escucho que me dice una voz en mi cabeza, pero no soy yo, - no te asustes, no puedes verme pero yo a ti sí, te portaste bien con ellos, con todos los que te rodearon y mereces estar aquí, este es mi regalo, todos y cada uno de los perros que has cuidado, amado y salvado estarán contigo siempre…ya no habrá mas oscuridad.

Algo me guía de nuevo al lago y ahí veo a mi familia llorando.

- No lloréis soy feliz, no me duele- digo tratando de consolarlos.

- Es inútil, no te oyen y tú bien sabes que es inevitable, se llora siempre- me dice la voz- disfruta ahora, te queda la eternidad para verlos, cuidarlos y esperarlos.

Y sin más, me giro, agarro el juguete de Dan y lo lanzo, todos mis perros corren hacia él mientras, yo río, por fin vuelvo a estar con él, sabía que no acabaría aquel fatídico 17 de abril de 2010.


Por ti mi gordo, disfruta y se feliz donde quiera que estés, algún día cruzaremos el arco iris juntos, volveré contigo.

Pilar Bermúdez Gil

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lunes, 5 de abril de 2010

Un Ángel ha llegado


Por fin, después de tanto esperar, el gran momento llegó.

Ahí esta nuestra amiga Jeli sufriendo los inconfundibles dolores del parto, pero qué feliz será en unas horas... unas largas y costosas horas.

El parto se complica un poco pues la epidural le baja la tensión hasta tal punto que se desmaya y tienen que retirársela, las pocas esperanzas de nuestra amiga de no sufrir del todo, se evaporan.
Después de muchas horas de sufrimiento, dolor y a la vez esperanza por ver a su pequeño, el momento ha llegado.
Va a quirófano.
Empuja, le repiten con premura todos los que a su alrededor esperan ver al pequeño.

Del otro lado su marido Ángel, ansioso y asustado espera el gran momento.

Nuestro tesoro nace después de doce horas y una enfermera lo retira para limpiarlo mientras una cansada Jeli trata de recuperarse y un sonriente Ángel espera el momento de ver a su pequeño.
La misma enfermera se acerca con el gran tesoro en los brazos y entre lágrimas y sonrisas Jeli coge por fin a su bebé en los brazos.
Después de nueve largos meses y un parto con alguna complicación, por fin tiene a su tesoro entre los brazos.
La sonrisa de los padres hace que médicos y enfermeras sientan satisfacción una vez más.
Una vida nueva ha llegado a este mundo.

Pilar Bermúdez Gil

Palabras: Sonrisa

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domingo, 21 de marzo de 2010

Un papel en blanco

El maravilloso papel en blanco que descansa sobre la mesa mira a Anna como con burla, ella trata inútilmente de llenarlo con un artículo, con palabras…con algo, no lo consigue, no puede dejar de pensar en él.

Anna es reportera del periódico del instituto y su tarea para esta publicación es un reportaje sobre la horrible comida de la cafetería, nada trascendental, pero alguien ha de escribirlo, pero hoy nada sale de ella, de su bolígrafo, no puede para de pensar en Eric.

El chico mas solitario del instituto, es un chico atractivo y atlético, aún no entiende por qué no tiene pareja, siempre está callado, siempre atento en clase, y nunca muestra interés por nada que no sean lo estudios. Las chicas guapas, las populares, ya han tratado de acercarse a él, pero ninguna ha conseguido nada, Eric no quiere nada con ellas y eso le intriga a nuestra amiga.

Con un valor desconocido abandona su hoja de papel en blanco y camina hacia la biblioteca, sabe que él estará allí. Antes de entrar respira hondo varias veces, abre la puerta, se dirige hasta la mesa donde esta Eric y se sienta frente a él, este levanta la vista de su libro y la mira.

- ¿Por qué?- pregunta Anna después de unos largos minutos de analizar mútuamente sus miradas.
-¿Por qué, qué?- pregunta él en susurros.
-¿Por qué prefieres la soledad a estar con una de esas chicas guapas?

Eric suspira resignado y vuelve la vista a sus tareas.

Después de lo que parece una eternidad Anna se levanta de la silla para irse, sus dudas quedan sin resolver una vez más.

-Creí que eras mas lista- susurra Eric a su espalda sin levantar la vista de lo que está mirando.
-¿Lista?, ¿acaso te parezco tonta?- le pregunta Anna girándose para encararlo.

Lleva toda la vida tratando de demostrar que es inteligente, que no es la típica rubia tonta, porque así es Anna aunque no quiera admitirlo, es la típica rubia despampanante, tan linda que todos se giran a admirarla, pero ella es lista, es muy inteligente y jamás ha dejado a su belleza ganar la partida, su cerebro es el poderoso.

-No, jamás…creo que eres la persona más inteligente del instituto, por eso me sorprende tu pregunta.
-Quieres dejar de mirar ese libro y mírame a la cara cuando me hablas- dice Anna muy enfadada.

Eric la mira…

La respiración de ambos se suspende por unos segundos, quedan atrapados.
Eric se levanta despacio sin dejar de mirar a Anna, rodea la mesa, se acerca a ella, acaricia su mejilla.

-No prefiero la soledad, sólo estaba esperando a que tú te dieras cuenta, tú eres a quién esperaba- le susurra cerca de sus labios y después la besa.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

Palabra: Soledad

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Minirelato 4: Final alternativo 2

Inicio del minirelato

Final alternativo 2:

El humo era penetrante y molesto.
Juan tomó un pañuelo de su abrigo y se lo puso sobre la cara, se acercó a la puerta y la abrió, mientras Alfonso tomó su teléfono móvil y llamó a los servicios de emergencia.
En el interior del local todo era negro, no se podía ver nada.
-¡Gerardo!- gritó Juan.
Pero nada se oyó.

Minutos después un coche patrulla seguido de un camión de bomberos interrumpieron en la calle, la gente comenzó ha agolparse alrededor.
Los bomberos descendieron del camión y estiraron sus mangueras, mientras la policía apartaba a los viandantes.
El primer bombero entró en el local seguido de tres más cargando la manguera, el ensordecedor ruido del agua y el fuego siendo extinguido no se hizo esperar.

La ambulancia llegó algo más tarde, un bombero les indicó a los sanitarios que esperaran para poder pasar.
Pocos minutos después un bombero salió pidiendo a estos que entraran en el local, el fuego había sido extinguido, Juan, Alfonso y Pedro se miraron consternados.

En poco menos de un minuto el primer sanitario abandonó el local negando con la cabeza y dirigiéndose hacia un agente de policía, parece que no había mucho trabajo para ellos, de repente alguien toco el hombro de Alfonso haciendo a este saltar.
Gerardo estaba junto a ellos totalmente extasiado.
Los tres hombres lo miraron extrañados, Gerardo no dijo nada, sólo apartó a Alfonso de su camino y se dirigió al policía.

-He sido yo- confesó Gerardo ante la sorpresa de todos- ese hombre estaba pegando a mi hija y lo he matado…jamás nadie hará daño a mi familia….
-Señor, pare, le llevaré a comisaría ¿no quiere usted un abogado?- le dijo el agente tratando de hacer valer sus derechos.
-No, que lo oigan todos, lo he matado con mis propias manos y lo he quemado para asegurarme que jamás hará daño a nadie más.

El agente contrariado le pide que le acompañe y le mete en el coche patrulla, ese es su trabajo ahora mismo, aunque en el fondo sabe que si esta historia es verdad él hubiera hecho lo mismo, una escoria menos sobre la faz de la tierra no es un problema.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

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domingo, 7 de marzo de 2010

El caballero de brillante armadura

-¡Oh!, maldito paraguas, otra vez eres mi compañero de viaje. ¿Por qué llueve tanto?...Odio la lluvia- clama Julia mientras camina con su viejo paraguas sobre la cabeza en la parada del autobús que la llevará a su trabajo.

Otro día más llueve sobre Sevilla.
Hacía años que no llovía tanto, los campos y ríos ya no pueden soportar tanta agua. Hay millones de familias que lo han perdido todo…pero eso, no nos ocupa este relato, ahora hablamos de Julia.
Una pobre mujer que a sus casi treinta y tres años no tiene dinero para poder comprar un coche y evitar llegar al trabajo totalmente empapada.
De su hombro cuelga una mochila donde ha puesto unos calcetines limpios y su uniforme de cocinera.
Julia vive frustrada y enfadada consigo misma, quería muchas cosas, quería cambiar el mundo y ahí esta en una cocina de un bar poniendo montaditos todos los días, salvo el martes que es cuando descansa, ese día lo dedica a las tareas de su pequeño apartamento, este trabajo no le da más que para vivir, vivir sola…como con todo en la vida, viaja sola, camina sola…siempre sola.
¿Por qué?
Nadie lo sabe, ella tampoco, no es atractiva, pero tampoco es fea, es una mujer del montón, a la que le encanta la lectura, lee sin parar…
¿Será por eso?

Una corriente de aire destroza su paraguas, Julia grita enfadada, lo tira contra el suelo y patea un charco mientras se moja…después de su rabieta, recupera la compostura y se agacha a recoger los restos de su viejo compañero.
Una sombra cubre su cuerpo y deja de mojarse, se gira estrepitosamente, tropezando como era de esperar, Julia cae en los brazos de un hombre alto, fuerte y vestido con un traje de chaqueta.
-Di...discúlpeme, gracias por cubrirme- contesta torpemente- mi paraguas ha decidido que ya no me va a cubrir mas- sonríe y se aparta de él.
-Mejor, así, ahora seré yo quien te cubra- dice el amable desconocido con la voz mas profunda y sensual que Julia a escuchado nunca.
Los dos se miran largo rato sin pronunciar palabra.

Una sombra detrás de él, hace a Julia desviar su mirada.
-¡Mierda!, Mi autobús- dice Julia apenas en un susurro, descompuesta, va a llegar tarde al trabajo.
-Mejor así yo puedo llevarte- dice el desconocido girándose y señalando un coche plateado que esta mal estacionado en la calle- venga sube y dime dónde te llevo.
-¿Has parado para cubrirme con el paraguas?- pregunta Julia extrañada y emocionada apartes iguales, es la primera vez que alguien es amable con ella.
-Sí, te he visto pelear con el tuyo y algo me ha dicho que necesitabas un caballero con brillante armadura… vamos, hace frío, por cierto mi nombre es Roberto, pero todos me llaman Robert.
Los dos se dirigen al coche juntos mientras no pueden dejar de mirarse el uno al otro.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

Palabra: Paraguas

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La hora de dormir


-¿Quién eres?- me pregunta por cuarta vez en una hora.
Simplemente la miro y espero a que su mente viaje a dios sabe dónde una vez más.

¿Cómo ha llegado a esto? ¿Por qué ella?
Era una persona sencilla, humilde, trabajadora y sobre todo devota para con sus hijos y ahora… Ahí esta parada delante de la televisión una vez más, sin ni siquiera recordar nada, ni a mí, a su hija pequeña, a su ojito derecho como solía decirme a escondidas de mis hermanos…
Esta horrible enfermedad se la ha llevado de mi lado.
Limpio rápidamente la lágrima que corre por mi mejilla, ya apenas lloro, ya no me quedan lágrimas que derramar, y lo que es peor, la alteraba verme llorar, para ella, ahora, solo soy una extraña, una desconocida que se sienta a su vera para ver la televisión, si me ve llorar se desmorona, trata de consolarme y se da cuenta que sus piernas no la obedecen, entonces grita, llora, se golpea…
Esta enfermedad la está matando…nos está matando a todos poco a poco.

De vez en cuando evoca algunos recuerdos, la enfermedad se hace más fuerte entonces.
Ella nos mira y llora sin consuelo, cuando puede volver a articular palabra llega la peor parte…suplica que la matemos.
¿Cómo vamos a hacer eso?
Es nuestra madre…pero está sufriendo, en esos escasos momentos ella sabe que se muere, o peor aún, que nos olvida, a nosotras, a sus adorados hijos y eso la mata aún más que la enfermedad.

El reloj de pared que tanto le gustaba comienza a marcar la hora de dormir, son las nueve, como cada noche apago la televisión y llevo su silla de ruedas hasta su dormitorio, como puedo la recuesto en la cama, la desvisto, la cambio el pañal…otro de los regalos de esta enfermedad, le pongo su pijama y la acuesto, como si fuera un bebé, la cuido como el bebé que nunca he tenido, a mi madre… otra lágrima.
-No llores, hija mía- me dice tocando mi mejilla.
-Mamá, ¿qué hago? ¿Qué hago?...- le suplico una respuesta entre mis lágrimas.
-Hija, hazlo, nadie te juzgará, yo no te juzgaré… vive tu vida.
Me derrumbo, caigo sobre mis rodillas y lloro, lloro como hacía mucho no me permitía hacer, mientras ella, tan dulce como siempre, me consuela acariciando mi descuidado cabello.
Después de lo que me parece una eternidad me pongo de pie, cojo una jeringa de las que uso para ponerle los tranquilizantes cuando se golpea y la lleno de aire…

-Te quiero, no lo olvides nunca, por favor. Hazlo- me suplica.
-Yo también te quiero mamá.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

Palabra: Recuerdos

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jueves, 4 de marzo de 2010

Hasta que tu muerte nos separe

Se presentaron tres finales alternativos para el inicio que se publicó el mes pasado para el minirelato 3. Ya se ha realizado la votación y han quedado los tres finales empatados, así que los publicamos todos.

Inicio:

Mis mejillas ardían, mis labios sangraban, mis ojos se abrían poco a poco cegados por la luz de nuestro dormitorio. Y te vi ahí, sonriente, con cara de triunfador. Entonces me eché a llorar, prometiéndome a mi misma que no lo consentiría una vez más, que ya todo había acabado, que tus repugnantes manos no volverían a rozar mi piel. Porque habías destrozado nuestros quince años de matrimonio a puñetazos y ya nadie quería reconstruírlos. Te odiaba, por no haberme dado la vida y el amor que habías prometido, porque ya ni siquiera te importaban los niños. Sólo tú y tus cervezas parecíais ser felices. Con voz entrecortada te grité que te fueras, que no volverías a hacernos daño, pero en el fondo yo sabía que te acabaría perdonando, como siempre; eras como una droga a la que me había vuelto adicta. Saliste de casa con un portazo, y yo salí corriendo detrás haciendo caso omiso al dolor de todo mi cuerpo magullado...

Silvia Fernández

Final alternativo 1:

...Corrí escaleras abajo, te encontré en el portal, te pedí perdón una y mil veces. Simplemente te diste la vuelta, me llamaste puta y saliste a la calle. Como pude subí las escaleras y regresé a nuestro hogar, en el salón los niños fingían ver la televisión mientras me veían pasar hacia nuestro dormitorio. Me rendí en la cama, lloré como tantas veces… No sé cuánto tiempo pasó, tampoco lo quiero saber, sólo sé que un chirrido de la puerta hizo que girara la cabeza. Allí estaba nuestro pequeño Rubén con tan sólo cinco años, mirándome con cara de asustado y me preguntó.
-¿Por qué mama?-.
No le contesté, volví a girar la cara a la almohada, él se acercó y me dijo.
-¿Por qué mama? ¿Por qué dejas que él te pegué?-.
Me giré y lo miré, en la puerta estaba nuestra María con sus doce años de edad mirándome, sus dulces ojos azules tenían pena y miedo a partes iguales y entonces lo supe… Se acabó, no volverás a tocarme. Nuestro hijo se dirige a ti como “él” y no como papá, los niños te tienen miedo, no puedo dejar que sigas estropeando sus vidas, la mía no me importa ya la has estropeado demasiado, pero no la de ellos, te escribo para que sepas por qué no estamos en casa, no me busques, jamás me encontrarás, jamás volverás a ver a nuestros hijos, yo me encargaré de ello. Adiós amor mío, pensé que algún día cambiarías, que me querrías suficiente para no golpearme más, pero nuestros hijos se han encargado de abrirme los ojos.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

Final alternativo 2:

...Madrid estaba en llamas a pesar del invierno, por primera vez habías hecho mi sueño realidad, te estabas yendo, y también, por primera vez estaba corriendo a buscarte.
Mi pulso comenzó a acelerarse y ni siquiera me importaba haber dejado solos a los niños. Vos te escabullías entre hombres y taxis apurados, mis piernas temblaban pero me empeñaba en alcanzar tu sombra.
n semáforo en verde me dio tregua y estabas ahí, junto al paso de cebra con tus pies temblequeando, haciéndole jugar el baile de los adioses presentidos. Un último grito pronunciando tu nombre te hizo girar la cabeza, me miraste con el gesto que tienen los malvados en las películas de cine negro, con la certeza de que tu poder tomaba forma en mi voz.
-Te olvidas de devolverme las llaves- dije aún con algo de miedo mirando al suelo.


Final alternativo 3:

...No pude avanzar mucho más, ya que al bajar las escaleras mi cuerpo se desequilibró y caí rodando por las que me quedaban aún por bajar hasta el entresuelo. El ruido alarmó a los vecinos que acudieron en mi ayuda, tú ya estarías llegando al bar donde siempre te emborrachabas. Mi estado era bastante grave aunque por suerte habían llamado a una ambulancia que tardó pocos minutos en llegar. Los niños se quedaron en casa de las vecinas y a mí me trasladaron rápidamente al hospital. Ahora tú estás en la cárcel y yo viviendo con un hombre maravilloso que nos quiere, que cuida de mí y de mis hijos, cosa que tú nunca supiste hacer. Ojala lo hubiera conocido a él antes que a ti, aunque lo conociera en el hospital donde me llevaron después del incidente. De todas formas yo no te debo nada, tú me debes todos esos años de vida y a nuestros hijos también. Inevitablemente, las lágrimas mojaron el papel donde escribía. Púdrete en el más jodido infierno. Escribiré esta frase y todas las anteriores las veces que haga falta hasta que eso suceda. Ya habían pasado cuatro años y Pilar todavía tenía pesadillas de vez en cuando. Su psicóloga le había recomendado escribir las peores situaciones vividas por su culpa o las mismas pesadillas que tenía. Luego debía quemar los escritos y observar cómo lo hacían lentamente hasta desaparecer, todas las veces que hicieran falta hasta que no lo necesitara hacer más. Como si observara cada vez ese infierno donde deseaba que él se pudriera. Sólo así podría descansar y vivir en paz.



¿Qué final os ha gustado más?

Elije los finales alternativos que mas te hayan gustado...
El de Pilar
El de Marinaf
El de Krys
Ninguno
El mio (escribe el tuyo en un comentario)
pollcode.com free polls


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viernes, 26 de febrero de 2010

En una estación

Por fin nos íbamos a ver.
Después de hablar mil veces por teléfono, de escribirnos montones de cartas en estos últimos tres meses, por fin iba a ver tu cara.
Nunca me mandaste una foto, yo a ti tampoco, era demasiado tímida para eso, jamás creí ser guapa o que te gustara, creí en los prejuicios de la gente y te prejuzgué antes de conocerte.
No te creía cuando decías que me querías, que te habías enamorado de mí, me habían hecho demasiado daño para pensar que sin conocerme me podrías llegar a amar, pero sí me conocías, conocías la parte de mí que nadie había intentado o había querido conocer, me conocía a mí.

Llegué a la estación de tren con mil dudas y mil preguntas, pero las que más me preocupaban eran las obvias.
¿Cómo nos íbamos a conocer? ¿Cómo iba a saber quién eras entre tanta gente?

Pasó un tren, después otro… bajaba mucha gente de ellos, era hora de la vuelta a casa para mucha gente, las tres de la tarde de un cinco de diciembre, mucha gente, era víspera de puente.
Estaba tan inquieta que no podía sentarme a esperar, miraba a todo el mundo pero no veía a nadie.
Llegó un tercer tren y algo en mi pecho me dijo que tu ibas en él…jamás te lo dije pero yo también estaba enamorada de ti, tenía miedo de decírtelo, tenía miedo de que me hicieras daño.

La gente comenzó a aparecer delante de mí, entre el bullicio unos ojos marrones se clavaron en los míos y lo supe…
Eras tú.
En el momento que te vi, lo vi tan claro como te veía a ti en esa estación repleta, entre tantas personas sin cara sólo te vi a ti, en aquel instante cuando nuestras miradas se cruzaron supe que eras tú.
Tú eras mi destino.

Pilar Bermúdez Gil

Palabra: Destino

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martes, 19 de mayo de 2009

Una mañana fría


-¡Hum!, un rico café- pensé en voz alta.
Era precisamente lo que necesitaba.
Las mañanas de diciembre eran muy frías en Lugo.

Me encontraba paseando por sus magníficas calles cuando una corriente de aire frío cruzó todo mi cuerpo, sentí la necesidad de resguardarme.
Entré en una vieja taberna y pedí un café muy caliente.

Me senté en el final de la barra y un viejo camarero, posiblemente el dueño, me lo sirvió.
Rodeé la taza con mis manos para intentar entrar en calor, degusté su peculiar aroma y bebí mi delicioso manjar.
Adoro el café de taberna, sabe diferente.

Me hallaba sumido en una vorágine de pensamientos cuando dos hombres vestidos con largas gabardinas grises y bufandas de lana negras atadas a sus cuellos, entraron en la cafetería.
Se sentaron en la mesa más alejada de la entrada y pidieron sendos cafés.

Me miraban constantemente, cosa que me puso un poco nervioso.
Decidí terminar mi parada y continuar con mi viaje.
Pagué mi café y me dirigí a la entrada.

Sentí como los hombres de gabardina clavaban su mirada en mi espalda.
Me volví despacio y los disparé.
Dos disparos perfectos en el entrecejo.
Estaban muertos.
También maté al camarero y a un cliente que trataba de huir.

Había tenido que matar a cuatro personas más por tomar una simple taza de café, pero no podía dejar huella y ellos me habían reconocido.

Salí de la cafetería y caminé por las frías calles de Lugo dispuesto a desaparecer.


Pilar Bermúdez Gil

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