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martes, 16 de marzo de 2010

Votación para "Paraguas"

Los textos que se han presentado sobre la palabra "Paraguas" han sido los siguientes:
Puedes votar en la siguiente encuesta el que más -o los que más- te hayan gustado:

Elije los textos que mas te hayan gustado sobre la palabra "Paraguas"...
El paraguas (Neus)
Miercoles mojad (Krys)
Maldita adiccion (Silvia Fernandez)
El caballero de brillante armadura (aurorabg)
El paraguas rojo (Literato)
Ninguno
El mio (escribe el tuyo en un comentario)
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Haremos el recuento de votos el domingo, 14 de marzo a las 23:00 (hora España) y anotaremos cuál ha sido el más votado o los más votados (en caso de empate).

Recuento de votos (16.marzo 15:00):
1. El paraguas (Neus) - 6 votos
2. El caballero de brillante armadura (aurorabg) - 4 v.
3. El paraguas rojo (Literato) - 3 v.
4. Miércoles mojado (Krys) - 2 v.
5. Maldita adicción (Silvia) - 1 v.

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lunes, 8 de marzo de 2010

El paraguas rojo


Asesinamos a Krys cuando dormía. Fuimos los cinco de siempre, los mismos que nos criamos en las callejuelas del barrio y reíamos los domingos a la hora de la siesta cuando el titiritero llegaba con sus viejos títeres a hacernos reír. Después del asesinato sentí vergüenza de mí mismo y un frío gélido me recorrió las sienes. Había matado a Krys, en un día lluvioso, mientras ella misma intentaba por sus propios medios de alejarse de este mundo. ¿Quién era yo, o quiénes éramos nosotros, para semejante barbarie? Antes suponía que éramos amigos. Krys, ellos, yo, pero no tengo amigos asesinos, ni tampoco una amiga asesinada, por eso pienso que todo lo que anoche aconteció fue solo una pesadilla, de esas que de tan vívidas tú pareces encarnar a la perfección uno de sus personajes más oscuros.

El teléfono sonó a media mañana cuando aún dormía empapado en sudor. Buscando al tanteo di con el aparato y escuché la fría voz de la mujer del hospital. Perdone señor, la señorita Krys acaba de fallecer, siento mucho despertarlo con esta triste noticia. Entonces colgué. Mantenía mi cara apoyada en la almohada, y la habitación olía a lavanda, tal como solía gustarle a Krys cada vez que venía a visitarme y quedarse a dormir. Tuve recuerdos de un asesinato, el de cinco amigos ingresando a una sala de terapia intensiva de un hospital y desconectar la máquina que hacía posible el milagro de mantener la vida. Y de repente todo a mí alrededor parecía un pozo oscuro, con sus paredes húmedas, donde la vida no asomaba y dejaba todo el lugar accesible para que la nada se apoderara de él. Tal vez Krys estaba en aquel pozo, tal vez ella podía acercarse a mí con su manera tan peculiar de hacerme sentir único, y apoyados en las paredes frías haríamos el amor como solíamos hacerlo sin que nadie lo supiera, sin que nadie pensara que ella y yo solo éramos otra cosa más que amigos, esos amigos de toda la vida, los amigos de los domingos de títeres, los amigos de los hombros siempre disponibles.

Al llegar al hospital la atmósfera se podía cortar con un cuchillo. Los rostros de los otros cuatro asesinos se veían blancuzcos y deprimidos, tal como los recordaba del sueño. La culpa, lo innombrable, lo imposible, todo eso seguramente volvía sus caras con esa tonalidad de pecado. Lo sentimos mucho, me dijeron. Uno por uno pasó a abrazarme mientras yo observaba a Krys detrás del vidrio dormir ese sueño tranquilo y eterno que tanto buscaba y del que tanto me hablaba por las noches. Yo sabía que algún día la asesinaría y que la muerte no se enojaría conmigo, al contrario, me entendería y tendría piedad de mi amiga. Finalmente pasó, Krys ahora dormía y ya no sufría. Venció a la enfermedad. Destruyó el dolor.

Los cuatros asesinos se fueron de a uno, y yo, el quinto, me quedé a solas en la sala de espera. Detrás de mí una ventana comunicaba con el mundo, ese mundo que habitábamos a diario y que ignoraba cómo hay almas que se esfuman por las noches. Llovía torrencialmente, tanto que era casi imperceptible ver más allá de la distancia de un brazo. Me apegué al vidrio y contemplé el diluvio. Entonces amainó, y en frente una mujer, con un paraguas rojo, se mantenía parada, inmóvil, bajo la lluvia. El color de la sangre, pensé. La observé por unos instantes y diría que a simple vista parecía Krys, pero eso era imposible, ella aún dormía sobre la camilla helada. La mujer cruza la calle y se para en medio de ésta, cierra el paraguas y lo tira al suelo. Finalmente vuelve sobre sus pasos y se pierde detrás del aguacero incesante que una vez más se desata. Corro a la calle, observo el paraguas, lo tomo, me huele a Krys, entonces lloro.

Descuelgo el teléfono después de escucharlo sonar un par de veces. Abro los ojos al mundo y escucho la voz de la enfermera del hospital. Señor, su amiga acaba de fallecer. Me visto rápidamente con lo que encuentro, abro el placar para tomar el abrigo y tras hacerlo caen trastos, entre ellos, un paraguas rojo.


Palabra: Paraguas

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domingo, 7 de marzo de 2010

El caballero de brillante armadura

-¡Oh!, maldito paraguas, otra vez eres mi compañero de viaje. ¿Por qué llueve tanto?...Odio la lluvia- clama Julia mientras camina con su viejo paraguas sobre la cabeza en la parada del autobús que la llevará a su trabajo.

Otro día más llueve sobre Sevilla.
Hacía años que no llovía tanto, los campos y ríos ya no pueden soportar tanta agua. Hay millones de familias que lo han perdido todo…pero eso, no nos ocupa este relato, ahora hablamos de Julia.
Una pobre mujer que a sus casi treinta y tres años no tiene dinero para poder comprar un coche y evitar llegar al trabajo totalmente empapada.
De su hombro cuelga una mochila donde ha puesto unos calcetines limpios y su uniforme de cocinera.
Julia vive frustrada y enfadada consigo misma, quería muchas cosas, quería cambiar el mundo y ahí esta en una cocina de un bar poniendo montaditos todos los días, salvo el martes que es cuando descansa, ese día lo dedica a las tareas de su pequeño apartamento, este trabajo no le da más que para vivir, vivir sola…como con todo en la vida, viaja sola, camina sola…siempre sola.
¿Por qué?
Nadie lo sabe, ella tampoco, no es atractiva, pero tampoco es fea, es una mujer del montón, a la que le encanta la lectura, lee sin parar…
¿Será por eso?

Una corriente de aire destroza su paraguas, Julia grita enfadada, lo tira contra el suelo y patea un charco mientras se moja…después de su rabieta, recupera la compostura y se agacha a recoger los restos de su viejo compañero.
Una sombra cubre su cuerpo y deja de mojarse, se gira estrepitosamente, tropezando como era de esperar, Julia cae en los brazos de un hombre alto, fuerte y vestido con un traje de chaqueta.
-Di...discúlpeme, gracias por cubrirme- contesta torpemente- mi paraguas ha decidido que ya no me va a cubrir mas- sonríe y se aparta de él.
-Mejor, así, ahora seré yo quien te cubra- dice el amable desconocido con la voz mas profunda y sensual que Julia a escuchado nunca.
Los dos se miran largo rato sin pronunciar palabra.

Una sombra detrás de él, hace a Julia desviar su mirada.
-¡Mierda!, Mi autobús- dice Julia apenas en un susurro, descompuesta, va a llegar tarde al trabajo.
-Mejor así yo puedo llevarte- dice el desconocido girándose y señalando un coche plateado que esta mal estacionado en la calle- venga sube y dime dónde te llevo.
-¿Has parado para cubrirme con el paraguas?- pregunta Julia extrañada y emocionada apartes iguales, es la primera vez que alguien es amable con ella.
-Sí, te he visto pelear con el tuyo y algo me ha dicho que necesitabas un caballero con brillante armadura… vamos, hace frío, por cierto mi nombre es Roberto, pero todos me llaman Robert.
Los dos se dirigen al coche juntos mientras no pueden dejar de mirarse el uno al otro.

Pilar Bermúdez Gil (aurorabg)

Palabra: Paraguas

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jueves, 4 de marzo de 2010

Maldita Adicción


-No es tan fácil como tú piensas.
-Ah, ¿no? ¿Acaso yo no he pasado por ello?
-Tú... eres distinta. Y tu historia también lo es.
-Pero en el fondo, nos parecemos demasiado, y cuando te digo que el tiempo lo cicatriza todo no te miento, porque yo misma he experimentado sus efectos.
-¿No dicen que el tiempo lo CURA todo?
-No, en eso sí que no estoy de acuerdo. En mi opinión, el tiempo no puede curar; sí cicatrizar, cerrar heridas, empañar tus recuerdos... Pero curar, hacerte olvidar, hacer que puedas seguir tu vida como si nada hubiese pasado, eso sí que no. Todo deja su marca, y si no la deja es que nunca fue lo suficientemente importante, nunca significó tanto. Aunque lo parezca, yo no he olvidado. Sólo he arrinconado unos sentimientos que me hacían daño, y que tarde o temprano iban a acabar conmigo, iban a hundirme. He dejado de depender de una droga a la que era adicta; ahora dependo de otra, otra mucho mejor. Ésta no daña, ni confunde, ni tiene efectos a largo plazo. Es pura como ninguna, agradable y adictiva, pero nunca perjudicial para la salud. He dejado la melancolía y me he pasado al amor. Cualquiera puede hacerlo, cualquiera que de verdad quiera hacerlo.
-Sigo sin entender tu razonamiento. Según lo que has dicho, ¿es posible desear el cambio y conseguirlo?
-Tampoco se trata de eso. Cuesta, demasiado. Pero es cuestión de esfuerzo, de fuerza de voluntad, como cuando intentas dejar de fumar. Al principio necesitas ese cigarrillo, y si te ofrecen es posible que vuelvas a caer; pero si intentas dejarlo a un lado, acabarás prescindiendo de la nicotina y logrando tu objetivo. Pero es cuestión de empeño. Uno no puede dejar fumar de repente, ni de estar enamorado. Uno va arrinconando sentimientos.
-No te entiendo... ¿Qué tiene que ver todo eso con salir de este estado de dependencia?
-Pues es muy fácil. Basta con que llegue otra persona que lo cambie todo. Produce un desequilibrio agradable en cierto modo, pero al final todo se estabiliza y vuelves a la normalidad. Una vez en ese punto lo demás tendrá cada vez menos importancia. Tu anterior recuerdo perderá nitidez con cada día que pase, pasarás de las lágrimas a la felicidad. ¿Y todo eso por qué? Porque la mejor droga de la que se puede depender es el amor, hasta los médicos lo dicen.
-Y... ¿cómo empezar?
-Esa es la mejor parte. Mira por la ventana.
-¿Qué pasa? Sólo veo el jardín.
-Llueve.
-Ya, ¿por qué te crees que no he salido hoy?
-Pues ese es tu primer error. Tienes que hacerlo. Sin paraguas.
-¿Estás loca?
-No, en realidad es algo que está científicamente demostrado: el agua purifica. Sal ahí fuera sin paraguas, deja que la lluvia te empape; grita si quieres, corre, déjate llevar por el viento y por la lluvia.
-De verdad, cada día te entiendo menos.
-Eso es porque nunca has salido sin paraguas.


Palabra: Paraguas

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miércoles, 3 de marzo de 2010

Miércoles mojado

Amaneció un día soleado. Alberto se levantó de la cama con sueño, como cada mañana. Realizó su rutina de cada día antes de dirigirse al instituto, cogió la mochila y se dispuso a caminar los treinta minutos que tenía hasta allí. Hacía mucho viento, enseguida el cielo se volvió gris y empezó a caer un diluvio. No había cogido el paraguas por el buen tiempo que parecía que haría ese día. Llegó al instituto calado hasta los huesos.

Amaneció un día nublado, amenazaba lluvia. Esta vez Alberto cogió el paraguas. A medio camino del instituto empezó a llover. Hacía demasiado viento, tanto que le dio la vuelta a su paraguas del mercadillo y lo terminó rompiendo. De nuevo, Alberto llegó al instituto como si se hubiera dado una ducha por el camino.

Amaneció un día gris, llevaba toda la noche lloviendo y parecía que no iba a cesar en todo el día. Alberto no dudó en coger el paraguas que heredó de su abuelo, que a pesar de ser antiguo y feo, era el más fuerte y resistente que tenían en casa. Pensó, a la tercera va la vencida, esta vez ni el viento podrá con él. Se dirigía hacia el instituto y se paró delante de un paso de cebra con el semáforo en rojo para los peatones. No tuvo la suficiente picardía de no detenerse tan cerca de la carretera, pues estaba llena de charcos profundos, pero cuando se dio cuenta ya era demasiado tarde. Una furgoneta pasó demasiado cerca de la acera a toda velocidad por encima de un charco, que bañó de arriba a abajo a nuestro protagonista. Alberto maldijo en voz alta todo lo que pudo, a la lluvia, a los charcos, a su paraguas, al semáforo, al chico que conducía la furgoneta… y a su poder. No llegaba a entenderlo del todo ¿de qué le servía si no se podía cambiar el pasado ni el futuro? Se rindió y siguió caminando frustrado hacia el instituto, donde tuvo que aguantar más de una burla de sus compañeros de clase.


Palabra: Paraguas

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martes, 2 de marzo de 2010

El paraguas


Tumbada en la cama, una habitación fría y lúgubre, paredes blancas sin decorar, un goteo caía hacia su brazo, sentía su cuerpo sin movimiento, ¿cuántos días habían pasado desde el accidente? Silvia escuchaba el ruido de las máquinas y de las enfermeras pasar por delante de su puerta, en ocasiones alguna se paraba y entraba, ella lo escuchaba como un susurro lejano.

Un golpe brusco hizo que su corazón se acelerara, ¿qué era ese ruido?, se concentró y a través de sus pupilas fijas en el techo vio un haz de luz iluminarlo, un goteo que empezó a resonar en los cristales. Empezó a notar cómo se movían los dedos de los pies. ¿Qué estaba pasando? Sus piernas cobraban movimiento y de un salto salió de la cama. Desconectando su cuerpo de la máquina, abrió la ventana, y sacó su rostro dejando que las gotas de lluvia la hicieran sentirse viva de nuevo, recogió un paraguas que había en la mesita, alguna visita debía habérselo dejado, y saltó desde el marco de la ventana. Escuchó una voz a lo lejos que la llamaba pero no se giró, no pensaba volver a esa fría habitación, volvía a sentirse viva, su pelo se enredaba en el viento y sus rizos dibujaban extrañas figuras chocando contra su cara. Sacó una mano fuera del paraguas y sintió cómo se mojaba, sintió la humedad en la planta de sus pies, la tierra fría y mojada y comprendió que no se había calzado; empezó a correr y a danzar, un baile de libertad y alegría, mientras sus piernas se iban embarrando y se iban mojando. Decidió deshacerse del paraguas echándolo al viento y viendo como este se alejaba, haciéndose cada vez más y más pequeño y perdiéndose entre la cortina de lluvia...

Extasiada de placer y felicidad se lanzó a la tierra mojada, y abriendo los brazos notó la lluvia sobre su cuerpo, el frío de la noche le estaba calando, escuchó voces lejanas que la llamaban, pero ella estaba bien, no quería volver al hospital, y divisó una luz en la oscuridad, una luz cálida que hizo que el frío de la lluvia desapareciera, una luz que la fue envolviendo y llenando de calor.

Un revuelo de personas entró en la habitación, las máquinas estaban emitiendo un pitido continuo un pitido que significaba que la vida de Silvia había acabado, la llamaron e intentaron reanimarla... pero su cuerpo estaba inerte y frío, en la mesita alguien había dejado un paraguas, y una enfermera sin darse cuenta lo tiró y pudo ver cómo los labios de Silvia formaban una sonrisa.


Palabra: Paraguas

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Palabra de la semana: Paraguas

PARAGUAS


Plazo límite de entrega: lunes, 8 de marzo a las 23:00 (hora española)

Para participar, leer Reglas y Normas de la actividad.

Podéis enviar vuestros escritos por e-mail a: memenovela @ gmail.com o dejarlo como comentario en este mism post. Todos serán publicados en el blog.

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