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martes, 27 de abril de 2010

- ¿Entonces se lo has dicho?
- Claro. Le he dicho que no le amo y le he pedido el divorcio. Lleva dos días en un hotel.
- Pero ¿qué ha pasado Ana?, ¿cuándo has dejado de quererlo?
- No lo sé, de verdad que no. Sólo sé que no le quiero, que me da grima vivir con él.
- ¿Pero has tenido alguna decepción?
- No, ninguna, ha sido poco a poco, día a día. Ya no lo aguanto.
- Bueno Ana, no te preocupes, estas cosas pasan, la gente cambia.
- Supongo. Pero tengo una duda: ¿Cuándo tenía yo razón? , ¿Antes, cuándo pensaba que tenía una personalidad arrolladora y estaba loca por él? ¿O, ahora que creo que es un ególatra engreído y no lo soporto?


Palabras: Decepción

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jueves, 4 de marzo de 2010

Maldita Adicción


-No es tan fácil como tú piensas.
-Ah, ¿no? ¿Acaso yo no he pasado por ello?
-Tú... eres distinta. Y tu historia también lo es.
-Pero en el fondo, nos parecemos demasiado, y cuando te digo que el tiempo lo cicatriza todo no te miento, porque yo misma he experimentado sus efectos.
-¿No dicen que el tiempo lo CURA todo?
-No, en eso sí que no estoy de acuerdo. En mi opinión, el tiempo no puede curar; sí cicatrizar, cerrar heridas, empañar tus recuerdos... Pero curar, hacerte olvidar, hacer que puedas seguir tu vida como si nada hubiese pasado, eso sí que no. Todo deja su marca, y si no la deja es que nunca fue lo suficientemente importante, nunca significó tanto. Aunque lo parezca, yo no he olvidado. Sólo he arrinconado unos sentimientos que me hacían daño, y que tarde o temprano iban a acabar conmigo, iban a hundirme. He dejado de depender de una droga a la que era adicta; ahora dependo de otra, otra mucho mejor. Ésta no daña, ni confunde, ni tiene efectos a largo plazo. Es pura como ninguna, agradable y adictiva, pero nunca perjudicial para la salud. He dejado la melancolía y me he pasado al amor. Cualquiera puede hacerlo, cualquiera que de verdad quiera hacerlo.
-Sigo sin entender tu razonamiento. Según lo que has dicho, ¿es posible desear el cambio y conseguirlo?
-Tampoco se trata de eso. Cuesta, demasiado. Pero es cuestión de esfuerzo, de fuerza de voluntad, como cuando intentas dejar de fumar. Al principio necesitas ese cigarrillo, y si te ofrecen es posible que vuelvas a caer; pero si intentas dejarlo a un lado, acabarás prescindiendo de la nicotina y logrando tu objetivo. Pero es cuestión de empeño. Uno no puede dejar fumar de repente, ni de estar enamorado. Uno va arrinconando sentimientos.
-No te entiendo... ¿Qué tiene que ver todo eso con salir de este estado de dependencia?
-Pues es muy fácil. Basta con que llegue otra persona que lo cambie todo. Produce un desequilibrio agradable en cierto modo, pero al final todo se estabiliza y vuelves a la normalidad. Una vez en ese punto lo demás tendrá cada vez menos importancia. Tu anterior recuerdo perderá nitidez con cada día que pase, pasarás de las lágrimas a la felicidad. ¿Y todo eso por qué? Porque la mejor droga de la que se puede depender es el amor, hasta los médicos lo dicen.
-Y... ¿cómo empezar?
-Esa es la mejor parte. Mira por la ventana.
-¿Qué pasa? Sólo veo el jardín.
-Llueve.
-Ya, ¿por qué te crees que no he salido hoy?
-Pues ese es tu primer error. Tienes que hacerlo. Sin paraguas.
-¿Estás loca?
-No, en realidad es algo que está científicamente demostrado: el agua purifica. Sal ahí fuera sin paraguas, deja que la lluvia te empape; grita si quieres, corre, déjate llevar por el viento y por la lluvia.
-De verdad, cada día te entiendo menos.
-Eso es porque nunca has salido sin paraguas.


Palabra: Paraguas

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